Sobre mí
Dos mundos
Me llamo Miguel Guillén. Casi todos me dicen Mike.
De lunes a viernes administro riesgo. Soy la tercera generación de Grupo Metrópoli, una correduría de seguros y fianzas que mi abuelo fundó hace más de sesenta años. Leo pólizas, negocio con aseguradoras y contesto el teléfono cuando algo se está incendiando de verdad.
Varias veces al año me siento en ceremonia. Con medicina, con guías, con años de camino detrás. He estado en retiros de meditación intensiva en Asia y en dietas de Ayahuasca en el Amazonas. Mi círculo va de empresarios a curanderos.
Sé cómo suena. Un corredor de seguros que camina con medicina. A mí también me incomodó durante años. No lo resolví: aprendí a habitarlo.
De día reduzco la incertidumbre de otros. En ceremonia me quedo a solas con la mía.
Por qué un halcón
El halcón ve el movimiento más pequeño a kilómetros de distancia sin perder el paisaje entero. Ésa es la vista con la que escribo: lo diminuto y lo total en el mismo cuadro.
Pero un halcón también puede quedarse arriba toda su vida. Desde ahí se ve todo y no se toca nada. La mente sabe hacer eso muy bien: dar vueltas en la altura, a salvo y hambrienta, confundiendo observar con vivir.
Por eso el halcón baja. No porque dude de sus alas: porque lo que busca nunca estuvo en el aire. Y cuando baja, no baja a medias.
El origen
Momentos de Tranquilidad no nació como marca. Nació como una pausa que me regalé en medio del ruido: el de dirigir una empresa, el de querer ser mejor, el de no parar nunca.
Empecé escribiendo para mi equipo en Metrópoli. Era cultura interna, nada más. Pero cada texto me acercaba a algo que todavía no sabía nombrar.
Sin buscarlo, encontré un puente de regreso a mí. Hoy lo leen más de tres mil personas cada viernes.
Lo que hago y lo que no
No enseño. No guío. No vendo fórmulas. No hay cinco pasos ni un método probado.
No ofrezco teorías: ofrezco mi vida como muestra. Voy aprendiendo en el camino, no voy delante de nadie.
Escribo para recordar quién soy cuando todo se acelera. Y por si a alguien más le sirve.
Metrópoli
En Metrópoli aseguramos la tranquilidad que sí cabe en una póliza: el patrimonio, la empresa, la gente. Sesenta y dos años, tres generaciones y el socio al frente de cada cuenta. Cuando algo pasa, no decimos «revisa tu contrato». Decimos: ya vamos para allá.
Aquí escribo sobre la otra tranquilidad, la que ninguna póliza cubre.
Desde el cielo se mira, en la tierra se vive.